lunes, 1 de junio de 2015

BELLEZA, SIN MÁS.

Al igual que todas las fuerzas fundamentales de la Naturaleza (electromagnética, fuerte, débil y gravitatoria) parece que tienden a unirse a energías lo suficientemente altas, la belleza y el amor también lo hacen bajo una percepción lo bastante intensa y directa. El vacío rige en ambos casos. El vacío del espacio-tiempo de once dimensiones en pos de la Gran Unificación perseguida febrilmente por los físicos teóricos y cosmólogos. Y el vacío de la mente cultivado por los místicos y practicantes espirituales.
Pero ése es sólo el falso vacío.
La belleza limitada.
El amor relativo y condicional.
Se obtienen con palabras, recetas, métodos, clichés, tópicos, etiquetas. Y tiempo, mucho tiempo. Cuando se obtienen... Digamos una vez entre diez millones. Y son barridos por la muerte, como todo lo demás. No es que valgan mucho. Pero es lo máximo que el ser humano puede obtener por sí mismo. Siguen siendo algo a la medida de su condición y su naturaleza. Impactan mucho más que la belleza y el amor platónicos de los que hablaba ayer. Su poder de revulsión es codiciado, indudablemente. Mas no dejan de ser cosas del homo sapiens sapiens.
La belleza sin más es otra cuestión. Ahí no se puede entrar con palabras. Ni con nada. Pero muy de tarde en tarde se llega a sentir su presencia. Se puede oler su fragancia. Se alcanza a percibir el rastro de su paso. Se adivina el fino aleteo de su magia. Es algo que, simplemente, ocurre. Y en ese instante cambia todo. En ese momento entendemos el amor. Que es lo mismo.
Al momento siguiente lo hemos olvidado. Casi como si no hubiera existido.
Pero algo queda en el fondo de nuestro ser. Un reflejo de sol entre las brumas del Trópico. Un rocío de hielo y de sangre en la cresta de esa ola. Una esencia perfumada que nos cala hasta el tuétano. Un recuerdo incomparable y único.
Por eso sabemos que existe. Y que puede volver el segundo menos pensado. Y que hasta podría tomarnos por entero, si quiere, y transmutarnos completamente, vete a saber. Porque lo es todo. Y es nada.
Es belleza, sin más.

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