martes, 16 de mayo de 2017

SORPRESA EN GUADAMUR

Vamos a Guadamur, pueblo situado a pocos kilómetros de Toledo, con idea de visitar su espléndido castillo. Al llegar, nos lo encontramos cerrado a cal y canto y hemos de conformarnos con verlo por fuera.

 
La inevitable decepción es pronto eclipsada por las Jornadas Visigodas que se celebran a su arrimo. Mercadillo artesano, tenderetes, puestos de chucherías, bullicio de gentes ataviadas con trajes de aquella época, estandartes, gallardetes, sonido de dulzainas, actuación de un cuarteto que rememora el hallazgo del Tesoro de Guarrazar... no nos esperábamos todo esto.



La sorpresa se agranda al presenciar la soberbia interpretación de Crispín de Olot, juglar de sonora voz, memoria privilegiada y artes escénicas de primer nivel  al relatarnos viejos cuentos y dichos populares, y cantarnos sabrosas romanzas tocando la vihuela, la sartén con dedal, crótalos, cucharas de madera y otros instrumentos medievales. Mis manos echaron humo de tanto aplaudirle.



Al abrigo de una ermita bastante coqueta, casi pegada al castillo, vino después un trío de flauta, zanfona y pandereta que podría llamarse (no estoy seguro) Meloki Mandarina. Sus cantigas y romanzas se alzaron, cristalinas, en el aire cálido de la mañana, con esa voz femenina de mágicos florilegios y dulces reverberos. Nuestra sorpresa crecía y crecía  y ovacionamos a este grupo con sincero entusiasmo.
Su música siguió animando después las añejas danzas visigodas, bien hiladas, de muchos vecinos del pueblo vestidos y engalanados para la ocasión, las justas guerreras y la ceremonia de entronización del rey Hildegardo, que se presentó a caballo gallardamente; una vez coronado, acarició al deforme bufón que tenía al lado, y  prometió a sus vasallos esmero en el gobierno y protección frente a los numerosos enemigos.
Tras recorrer detenidamente la villa visigoda de Guadamur, que ofrece también su Centro de Interpretación, su Corona Votiva, su Hospedería de antiguo sabor, sus restauradas casonas, plazuelas, iglesias y ermitas, pusimos rumbo de vuelta a la imperial Toledo, en cuyas proximidades nos aguardaba una suculenta paella y un delicioso bacalao frito.

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