martes, 4 de agosto de 2026

POLÍTICA DE TIERRA QUEMADA

 Nada más rebasar Chapinería empezamos a encontrar tizones, brasas y rescoldos sobre el terreno. Un inmenso crespón negro cubre desde ahí la Sierra Oeste de Madrid hasta bien entrado el término municipal de Burgohondo (Ávila), rodeando Navas del Rey, chamuscando la pinada del puerto y el embalse de San Juán, incinerando las proximidades de Pelayo y San Martín y tajando con sus dientes de fuego todo el arranque de la Sierra de Gredos desde el Cerro Guisando. El Tiemblo es un funeral a nuestra llegada y el olor a quemado me golpea al bajar del coche. El aire es sospechoso. Parcelas arrasadas incluso dentro del pueblo. Cielos turbios. Horizontes humosos. Poca gente en las calles. Rostros sombríos y crispados. Lamentos de vecinos que han perdido sus medios de vida y parte de su salud. Relatos compulsivos sobre las horas de peligro afrontadas. Desde un altillo miro alrededor la desolación de todos los montes carbonizados y me digo, convencido: "Este es el mundo que hemos decidido dejar a nuestros hijos y nietos. Y todavía habrá quien se sienta orgulloso".

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