El calentamiento de la Tierra ya es de 1,78°C y muchos de nosotros sufrimos de lleno en nuestras carnes un entorno natural devastado por incendios incontrolables, sequías e inundaciones. Cuando miramos la intensa calima estival nos preguntamos si no será en realidad el humo de nuevos fuegos arrasadores. Cerca de un centenar de grandes quemazones consumen a la vez extensas áreas forestales de Estados Unidos y muchas más todavía las de Canadá, Siberia y regiones boreales europeas. La Corriente en Chorro Polar se destensa y descuelga con creciente rapidez, dejando que mortales olas de calor suban desde el Sáhara y los Trópicos matando a decenas de miles de personas en latitudes intermedias. El Mediterráneo, por su parte, sigue acumulando una tremenda energía térmica que, antes o después, desencadenará nuevas danas catastróficas. Las aguas baleares marcaban hace poco 33°C y algunas zonas de este mar han registrado excesos de 7°C sobre las temperaturas promedio. A 4 de agosto, el área ecuatorial del Pacífico donden parece que se está gestando un Superniño batía su récord histórico por más de 1°C de margen. Esto augura un 2027 más que preocupante para la mayoría del planeta.
Por otro lado, las esperanzas de que el Norte de España pudiera servirnos de refugio climático al menos durante unas décadas se desvanecen a toda prisa. Los baños en el Cantábrico son ya como los de las costas levantinas de hace treinta años, los golpes de calor en toda su cornisa son asfixiantes a veces y Euskadi ha perdido producción de leche y hasta el 90% de sus cosechas en algunos sitios.
Los famosos parques de Londres son ahora mismo tristes secarrales, como ciertas partes de Inglaterra y Escocia, abrumadas por la sequía. Mientras, el Rhin y el Danubio fluyen tan escuálidos que han perdido muchas de sus funciones económicas, agrícolas, industriales y de transporte. Europa es cada vez menos verde, húmeda y frondosa.
¿Y qué decir del Ártico, con sus temperaturas disparadas, su hielo en mínimos y su albedo menguante?. ¿Y de las pujantes emanaciones de CO2, metano y óxido nitroso de su permafrost?. ¿Y de la progresiva descomposición de los glaciares y banquisas de la Antártida?. ¿Y de la extrema degradación del pulmón de la Tierra, la Amazonía?...
Mejor lo dejamos para el siguiente capítulo de esta serie.
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