lunes, 27 de abril de 2026

SIGO ESTANDO VIVO

 Ejercito el cerebro, ya casi octogenario, sobre el teclado casero de música, sin solfeo, ni partituras, ni nada, repitiendo los toques de mis dedos hasta la extenuación para memorizar el sonido que corresponde a cada tecla blanca y a cada ringlero negro. Y así es como empiezan a salirme canciones populares de toda una vida y cómo establezco nuevas conexiones sinápticas entre mis neuronas.

También extiendo mi práctica a los bailes de salón y latinos. El tango se me resiste más que los otros porque es complejo y más exigente. El merengue y la salsa se parecen bastante. El foxtrot y el vals son elegantes. El bolero tiene gancho y el cha cha cha desparpajo. Completa mi programa de aprendizaje el pasodoble marchoso. Me propongo insistir en la tarea hasta asimilar algo de cada uno de ellos, darle así más ritmo a mi vida y más variedad a mis conocimientos. Espero conseguirlo.

En el fondo de todo esto bulle la  curiosidad por explorar zonas desconocidas de la experiencia, descubrir cosas nuevas y ampliar mis horizontes. Mientras aquélla dure seguiré estando más o menos vivo y no flotando en un estado meramente vegetativo, tan común entre los/las de mi edad que, en su mayoría, ya sólo parecen aguardar el cumplimiento del oscuro futuro colectivo o su propia muerte particular... lo que antes llegue.

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