sábado, 27 de junio de 2026

YO, OPTIMISTA... ¿QUIÉN LO HUBIERA DICHO?

 Sin pretenderlo, y por comparación, el Premio Nobel de Física de 2004 David J. Gross me ha convertido en un optimista empedernido.

Hará veinte o veinticinco años que dí a la especie humana sobre la Tierra un plazo de supervivencia de entre 50 y 200 años basándome en mi pobre  conocimiento de su dinámica histórica y presente, en mis intuiciones más profundas y en la hipótesis, seriamente considerada por la mejor Ciencia de hoy día, de que nadie nos responde en el Universo porque todas las civilizaciones inteligentes se autodestruyen al alcanzar suficiente desarrollo tecnológico. Recientemente, tras ampliar mi bagaje de información sólida, acumular experiencias y refinar mis análisis y percepciones, he acotado bastante más esa fatídica cuenta atrás a un plazo máximo de 100 a 125 años a partir de ahora, pensando en el que parece ofrecernos nuestra progresiva y creo que ya irreversible aniquilación de la Biosfera terrestre.

Pero resulta que David J. Gross viene y dice que "las probabilidades de que vivamos 50 años más son muy bajas" y que "va a resultar muy difícil evitar que la inteligencia artificial tome decisiones por su cuenta y mucho más rápido que los humanos en materias tan delicadas como el control y uso de armamento nuclear" y, por ejemplo, biológico, añado yo. Dado que Gross calcula  en aproximadamente el 2% anual el riesgo estadístico de destrucción total por conflicto nuclear, la simple acumulación de ese mismo riesgo año tras año (suponiendo, claro, que no se dispare con sujetos a los mandos como Trump, Putin, Netanyahu y otros) nos da un tiempo de alrededor de 35 años como el más probable para que todo acabe estallando.

Reírse sin más de los vaticinios de Gross no deja de ser peligroso. Es uno de los científicos más destacados de nuestra época y afirma haber llegado a esas ominosas conclusiones empleando la misma lógica que le llevó a descubrir los quarks (diminutos componentes de los protones y neutrones de los núcleos atómicos) y a descifrar muchos mecanismos de la Fuerza Fuerte del Cosmos. Lógica que le hace también competente en estudios de dinámica de sistemas, acumulación de probabilidades, riesgos repetidos e incertidumbres cuánticas, aplicados todos ellos a la geopolítica global.

Sí, Gross me ha vuelto comparativamente optimista porque, con rigor científico, la concreta expresión "probabilidades muy bajas" significa, poco más o menos, que tenemos el 95% de ellas en contra. ¿O es más bien el 98%?.

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