La otra noche volví a ver la película "The sandpiper", de Vincente Minnelli, que ganó un Óscar a la mejor canción original con "La sombra de tu sonrisa", compuesta por Paul Francis Webster y Johnny Mandel y maravillosamente cantada por Astrud Gilberto. Trata de un triángulo amoroso de difícil salida en el que sus miembros intentan cumplir sus respectivos sueños forcejeando con las numerosas trabas e impedimentos de la vida cotidiana. Contemplo a la pareja de amantes que, al margen de la esposa traicionada, pasean su amor por una desierta playa californiana flanqueada por dos grandes roquedos batidos por el mar, mientras fantasean para sí sobre un posible futuro juntos triunfando sobre las convenciones sociales que ya los condenan sin paliativos. Viéndolos proyectar sus espejismos sobre la arena que pisan descalzos y evocando el título en español del film, precisamente "Castillos en la arena", hallo que la escena representa una buena metáfora de nuestra propia existencia. La vida podría ser esa playa cuya longitud total cubrimos construyendo un castillo de arena tras otro, es decir, tinglados de fe, sueños, esperanzas, anhelos, ilusiones y objetivos quiméricos fraguados por la imaginación y que enlazamos cuidadosamente, sin permitir entre ellos el menor intersticio por el que amenaza aflorar y adueñarse de todo el subyacente vacío de la nada y el sinsentido existencial que oscuramente llegamos a adivinar también muy en el fondo de nosotros en momentos de especial crisis. Al final, se acaba la playa y no podemos alzar ya nada más porque nuestro próximo paso es el roquedo de la muerte ¿y de la extinción personal?. De momento, voy a quitarme esta idea de la cabeza cantando de nuevo para mí "La sombra de tu sonrisa".
No hay comentarios:
Publicar un comentario